Montehermoso Natural

Montehermoso Natural

sábado, 1 de julio de 2017

Crónica de una visita a Las Potras de Montehermoso


Crónica de una visita a Las Potras de Montehermoso
Vaqueiro Rodríguez, M. y Vidal Romaní, Juan Ramón
Instituto Universitario de Xeoloxía “Isidro Parga Pondal”, Universidade de A Coruña
Clube de Espeleoloxía A Trapa - CETRA

“...Para conocer este patrimonio natural, para
 poder leer este libro del pasado, escrito en las
 rocas y en el paisaje antes de nuestra
aparición.... Esta es nuestra memoria de la
 Tierra. Este es nuestro Patrimonio Geológico...” 
(Derechos de la Memoria de la Tierra Digne, 
Francia,1991)

            Viajé a Cáceres (capital) en septiembre de 2014, junto con el Dr. Juan Ramón Vidal Romaní y la estudiante de doctorado Laura González, para participar en las Jornadas de la Sociedad Geológica de España (SEG).

            Completadas las sesiones científicas, aprovechamos la estancia y el viaje para descubrir desde un punto de vista geológico el Cáceres natural. Visitamos el afloramiento de granitos del paraje de los Barruecos de Malpartida, geomorfológicamente muy interesante debido a los numerosos tafoni y otras pequeñas cavidades de bloques dónde abundan los bioespeleotemas de ópalo-A u ópalo biogénico; visitamos también algunos afloramientos en cuarcitas en la zona de Santiago de Alcántara, con sus abrigos y cuevas, no solamente interesantes por sus pinturas rupestres, si no por la existencia también de bioespeleotemas de ópalo (nuestro interés en este tipo de depósitos quedará claro a lo largo de esta crónica). Y finalmente subimos hacia el norte, hasta Montehermoso con el objetivo de visitar el paraje de Las Potras y sus cuevas. Esta última visita hubiera sido imposible de realizar si no llega a ser por Juan Jesús Sánchez Alcón y José Luis Garrido Martín, a los que desde aquí quiero agradecerles una vez más la oportunidad que nos brindaron.

            En este artículo os propongo realizar una rápida visita a Las Potras de Montehermoso, leyendo ese libro del pasado, ese fragmento de la memoria de la Tierra, escrito en sus rocas y en sus cuevas.

            Nos aproximamos al sistema de Las Potras por su vertiente Este. Desde el Canchal del Búho, al borde del talweg de la Rivera del Bronco, podíamos ver la enorme acumulación de bloques de granito que ocultaba el curso fluvial a lo largo, al menos, de unos 300 m. Descendimos la vertiente avanzando progresivamente aguas arriba, al NNE del mirador, hasta llegar al sumidero donde la Rivera del Bronco desaparece bajo tierra.

            El primer elemento que llamó mi atención en el sumidero fueron las marmitas turbillonares (localmente llamadas pozas o tinajas). Nos contaba Juan Jesús como cambian los rellenos de estas marmitas durante las avenidas, pasando de estar completamente rellenas de cantos rodados a quedar medio vacías.

            A pesar de las lluvias caídas en los días anteriores a nuestra visita, la Rivera del Bronco dormitaba y el sumidero se encontraba seco. Nos equipamos en el exterior y descendimos entre los bloques hasta llegar al canal subterráneo de la cueva. Y (¡chof!)…. Llegamos al agua.

  Formas de erosión: Vista del techo desde el fondo del canal.

            Cuando la luz iluminó el paisaje subterráneo lo primero que destacaron fueron las formas de erosión que definían y delimitaban este canal subterráneo. La imagen era familiar. Llevo estudiando cuevas y sistemas en granitos desde 1989, y  lo que se abría delante de nosotros en la oscuridad, era un canal estructural de paredes pulidas y sinuosas, techado por la enorme acumulación de bloques que vimos en el exterior: Esta primera imagen bajo el sumidero me dejó claro que nos encontrábamos ante un nuevo e interesante sistema de cuevas de bloques en granitos.

            Este tipo de cuevas presentan a groso modo dos tipos de espacios subterráneos diferentes: Por un lado están  los vacíos y pasajes delimitados por los bloques angulosos y ásperos que techan el río subterráneo; y por otro lado están los volúmenes asociados al canal techado.

            Los bloques caen cuando existe un hueco que les permite moverse, lo que significa que la formación del canal en el fondo del valle es más antigua que la cueva. El canal fue excavado por las aguas torrenciales de la Rivera del Bronco para después acabar enterrado por el derrumbe, colapso o deslizamiento de bloques graníticos situados en las laderas del valle. Y obviamente ahora que el río circula confinado, y el canal evoluciona de una forma completamente diferente a la que tendría si hubiera permanecido como canal abierto.

            Resulta sorprendente la abundancia y el desarrollo de las formas de erosión ocultasen el subsuelo en Las Potras: Pasajes formados por marmitas coalescentes; formas de erosión superpuestas en varios niveles; pilancones de gran tamaño (estimando para  algunas formas más de  4.5 m de diámetro), y aunque ahora parcialmente colapsadas, pudieron alcanzar la decena de metros de profundidad.

            Aunque por sus dimensiones más modestas pudieran parecer  insignificantes al lado de los “Pilones” del Jerte o de otros ríos, estas formas de erosión constituyen todo un patrimonio geomorfológico que se debe preservar: Son algunas de esas páginas de la historia de la Rivera del  Bronco grabadas en la roca y conservadas hasta la actualidad en este mundo subterráneo inesperado; formas antiguas que nos  indican que este río tuvo un régimen de circulación del agua muy diferente al que vemos en la actualidad,  con flujos continuos y muy intensos tal vez ligados a las fases de fusión glaciar de edad Pleistocena.

 Depósito biomineral de ópalo amorfo u ópalo-A en un cavidad de bloques de Cáceres.

            Pero el libro del pasado oculto en Las Potras tiene más páginas que las dedicadas a las formas de erosión: En su curso medio, en el interior de una marmita aparecen retazos (actualmente en proceso de destrucción) de unos depósitos rítmicos (esto es, formados por apilamientos de capas muy finas), y que por su morfología y aspecto podría tratarse de una colada de pigotita, otro biomineral típico en este tipo de cuevas. Su formación y existencia requieren flujos lentos, lo que es completamente incompatible con la actual dinámica torrencial de la Rivera del  Bronco, y mucho menos con la dinámica que esculpió el canal en la roca sobre el que se ha construido la cueva por acumulación de bloques caídos desde las vertientes adyacentes. Hablar de aguas lentas dentro de estas cuevas caracterizadas por sus formas de erosión conlleva el reconocer la existencia de unas etapas o períodos más o menos prolongados durante los que la circulación subterránea principal se vio interrumpida o modificada. Esta coincidencia física de formas incompatibles nos describen un medio cambiante, y por tanto la existencia de estos retazos de espeleotemas no son algo banal: Su formación y existencia es en muchos casos un reflejo del cambio de las condiciones climáticas exteriores, y que producen a su vez en la cueva una alternancia de etapas de cese-reactivación de diferentes procesos subterráneos.

            Por ahora no tenemos datos específicos de los depósitos de Las Potras, pero el estudio de otras cuevas similares en el noroeste de la Península Ibérica nos han mostrado como ese  “cese” (en la circulación turbulenta) ha coincidido con períodos fríos y posiblemente más secos, y ha durado en algunas cuevas más de 1000 años, tiempo durante el que ha ido creciendo el espeleotema, fosilizando completamente marmitas y otras formas erosivas.

            El recorrido subterráneo es muy “dinámico”: Se alternan espacios amplios con pasos parcialmente sumergidos, dónde apenas se puede permanecer con la cabeza fuera del agua. En una de estas salas anejas al río subterráneo, con bóvedas relativamente elevadas (caminábamos de pié sin llegar a tocar techo), se localizaron unas importantes colonias de quirópteros. El suelo, mostraba importantes acumulaciones de guano, lo que nos indicaba que la cueva no había sufrido grandes variaciones del nivel de agua en los últimos meses.

            Avanzamos hacia la surgencia siguiendo el canal hasta llegar a un paso sifonado. Las recientes lluvias habían aumentado el nivel de agua y no era posible para nosotros el continuar avanzando por esta parte de la cueva. Competía en el recorrido una nutria, que sí buceó hacia la surgencia, dejando atrás los restos de un cangrejo de río que formó parte de su festín.

 Marmitas coalescentes en la base del sumidero.

            Abandonamos el canal y regresamos a la superficie a través de unos pasajes formados por la acumulación de bloques: Volúmenes subterráneos de distinta dimensión, formando una estructura un poco laberíntica y caracterizados por unas superficies de bloque más ásperas. Y aunque ahora las avenidas de la Rivera del  Bronco sumerjan estos bloques, el tacto de la roca deja claro que la historia y la edad de esta parte de la cueva es diferente.

            Hay otro elemento que suele caracterizar estos niveles de bloques que techan un canal: Los bioespeleotemas de ópalo amorfo o ópalo-A. Es tal vez el tipo de depósito más abundante en las cuevas en granitos. Aparecen como pequeñas estalactitas, estalagmitas, en general se presentan bien como cuerpos cilíndricos de tamaño milimétrico, bien como conjuntos de formas aciculadas y ramificadas, bien como formas nodulares, o bien como películas. Cualquiera de sus variedades están asociadas a flujo muy lentos de agua. Mucho más lentos que los que dan lugar a las formaciones de pigotita u otras ritmitas. Por eso solamente aparecen en los espacios subterráneos más alejados de los cursos activos. En el caso de Las Potras, y posiblemente debido a la dinámica de la Rivera del  Bronco, solamente localizamos  este tipo de bioespeleotemas de ópalo en pequeñas cavidades y oquedades situadas en las vertientes por encima del nivel máximo de avenida. Y los depósitos localizados eran muy pequeños.

            Desde el principio de esta crónica he citado a los bioespeleotemas o biominerales, especialmente los de ópalo-A. Estos elementos que decoran las cuevas en granitos (aunque también aparecen en otras rocas plutónicas, en cuarzo, cuarcitas, areniscas y en tubos volcánicos) son producidos generalmente por acción bacteriana. Y su forma en muchos casos está inducida no por el goteo, si no por el tipo de “biota” asociado al biomineral: Así, por ejemplo, algunas formas que parecen estalactitas o estalagmitas realmente son formas alargadas asociadas con algas filamentosas.

            Y puesto que son biominerales, y esto es lo importante, en su interior se preserva toda una cadena trófica que empieza en la escala nanométrica  y termina en la escala milimétrica. Forman unas páginas muy especiales dentro del libro de estas cuevas: Conservan en su interior ADN fósil de pólenes, amebas, algas, bacterias, ácaros, y un largo etc. ,aunque a veces para saber a que organismos pertenecen no hay otro medio de estudio que secuenciar el ADN de los microorganismos que forman estos depósitos. La antigüedad de estos depósitos queda probada porque a veces corresponden a organismos actualmente extinguidos en la zona. En Galicia, en entornos similares, hemos encontrado polen de vegetación extinta con edades de hasta 4000 años antes del presente (y en algunas cuarcitas de Venezuela, incluso de hasta 150.000 años desde el presente!). De ahí la importancia de estos depósitos, que no pueden existir ni conservarse si no es en las propias cuevas.

José Luis Garrido Martín, uno de nuestros guías, cruzando un tramo de canal en las proximidades del sumidero.

          Otro aspecto importante es que este tipo de cuevas tienen (y generan) su propio microclima: Por un lado reproducen de forma atenuada, en función de la profundidad, las oscilaciones climáticas exteriores; y por otro funcionan como humectadores de aire e intercambiadores geotérmicos. Y la cueva respira en sus bocas, y las corrientes de aire húmedas y más frescas interaccionan con su entorno y su biota.

            El sistema de cuevas de Las Potras de Montehermoso constituye una parte indivisible del paraje de Las Potras y de la Rivera del Bronco. Forma un conjunto con su entorno. No es una isla que se pueda separar o aislar. Existe en equilibrio, intercambio e interacción continua con su entorno y biota asociado. La historia de la cueva es reflejo de la historia de su entorno, y a nivel ambiental, reflejo del clima y del paleoclima de Montehermoso.

            Hay que concienciarse de la necesidad de promover el conocimiento y la conservación de estos espacios. Y uno de los aspectos de la protección es evitar una explotación irresponsable como parque de turismo-aventura. Existen riesgos  importantes asociados a estas cuevas: Inestabilidades, riesgo de avenidas, dificultad de rescate debido a la propia morfología de los espacios subterráneos.

Los rescates en este tipo de cuevas son muy complicados, y constituyen uno de los eventos de mayor impacto contra el medio subterráneo. El acceso al medio subterráneo requiere entrenamiento, formación y preparación.

         Espero poder visitar y estudiar en un futuro próximo estas cuevas y otras acumulaciones de bloques localizadas en la misma zona. La cueva lo pide. Y bien merece aparecer en el Atlas de las Grandes Cavidades en Rocas Plutónicas del Mundo.

A lo largo de la cueva se alternan espacios amplios y espacios más reducidos. En la fotografía una pequeña sala. Se pueden apreciar las formas de erosión que limitan el canal. El bloque del techo aparenta formar parte de un deslizamiento de la vertiente.


Enlaces relacionados:

El Paraje Natural de Las Potras en Montehermoso

Espacios Naturales y Áreas Protegidas en Montehermoso

jueves, 22 de junio de 2017

La importancia geológica y arqueológica de Las Potras y las formaciones graníticas en Montehermoso

Las Potras es una impresionante zona dominada por enormes berrocales que alberga gran cantidad de pilas o pilancones fluviales formadas por la erosión del agua en el cauce de la Rivera del Bronco.

Este entorno natural, junto al resto de parajes que componen las formaciones graníticas existentes en Montehermoso, tienen una gran importancia geológica y cuentan con numerosos restos arqueológicos, además de albergar varios ejemplos de antiguas construcciones que datan de varios siglos atrás y que son un legado de la arquitectura rural tradicional.

Muchos de los restos arqueológicos y antiguas edificaciones se han conservado debido a la orografía del terreno, y otros se han reaprovechado en diferentes construcciones tradicionales.

Existen varios testimonios también del aprovechamiento agrícola y ganadero  a través de las enormes piedras graníticas trabajadas con enorme paciencia por los pastores, picandolas durante mucho tiempo para moldearlas y construir pilas para dar de comer y abrevar el ganado.

También se dedicaban en la antigüedad a la realización de enormes brocales de granito para ponerlos en pozos y fuentes.

Además nos encontramos numerosos abrigos naturales que han servido de refugio de hombres y animales a lo largo de la historia. Algunos de estos abrigos y cavidades naturales que se encuentran en la zona NE del término, pueden darnos pistas e información de Interés para conocer el paso del tiempo en estas tierras legendarias.

El emplazamiento de los parajes y el nombre de los topónimos nos indican la posible presencia de restos arqueológicos y de antiguas construcciones como: «chozos, zahúrdas, corrales, apriscos, majadas, fuentes, pozos, norias, casas de labranza, inscripciones, tumbas y restos de posibles asentamientos y yacimientos arqueológicos.

viernes, 16 de junio de 2017

Valladolid y Montehermoso hermanados por dos puentes

VALLADOLID Y MONTEHERMOSO HERMANADOS POR DOS PUENTES

Domingo Quijada González

   Ruego me disculpen mis hermanos de adopción moralos, pero hoy tengo una deuda moral con el pueblo que me vio nacer, tal día como hoy de 1949 (casi ná, y parece que fue ayer…). Les cuento:

  Cierto día, paseando por el famoso y bello parque de la Rosaleda de la capital de Castilla-León (una maravilla fresca, multicolor y aromática, sobre todo en estas fechas), a la vera del el río Pisuerga, mis retinas se vieron impresionadas por un sólido –pero esbelto y hermoso– puente que unía ambas márgenes. Sentí una sensación inexplicable, cierto escalofrío y hasta turbación.

  ¡No me lo podía creer!, ¿soñaba, tal vez?
 
   Me sereno, lo contemplo nuevamente y analizo sus detalles.

  No había la menor duda, era similar al de mi pueblo en el Alagón, donde tantas veces me he bañado y disfrutado, casi siempre con mis inolvidables amigos.
 
 Ya en mi despacho, hago lo que suelo realizar cuando el interés y la duda me embargan: investigar los hechos y sus circunstancias.

  Y de esa forma me entero que el puente del Poniente de Valladolid, llamado antes González Regueral (alcalde de esa ciudad cuando se erigió, rebautizado después tras el polémico tema de la “Memoria Histórica”), fue proyectado en 1950 por el ingeniero municipal Luis Díaz-Caneja Pando. Diez años más tarde fue concluido y se realizaron las pruebas de carga, que fueron satisfactorias y permitieron que se abriera al tránsito.

  Está constituido por tres arcos nervados de hormigón, con armadura rígida, de 28 metros de luz, bastante curvos (casi de medio punto). Los arcos descansan sobre estribos y pilas de hormigón en masa, revestidas de mampostería y sillería. Ya fuera del cauce, en ambas márgenes, el puente se completa con tres arcos semicirculares de hormigón en masa, de 5 metros de luz.
 
 Contemplo y examino el de mi pueblo y, aunque es cierto que algunos elementos difieren, el conjunto guarda una gran semejanza: por eso los he emparentado...

  Como es natural, ambos se tuvieron que adaptar a la anchura del cauce de los respectivos ríos: eso motivó que el pucelano tenga tres arcos (más los otros pequeños citados) y el montehermoseño cuatro, al estar la vega más abierta.
 
 También, los arcos de este último son nervados y de hormigón; pero menos circulares, más rebajados, ya que tienen que soportar un tránsito y peso menor que el vallisoletano. Y descansan igualmente sobre estribos y pilas de hormigón en masa, pero a mayor altura que en el del Poniente (por la misma circunstancia anterior).
 
 Son de la misma época, mediados del siglo pasado. Aunque el del Alagón se construyó antes, entre 1947 y 1955; mientras que el del Pisuerga, algo después, durante la década de los cincuenta (como hemos dicho antes).

  De lo que se infiere que, o el mencionado Luis Díaz-Caneja proyectó ambos (en ese caso, primero el de mi pueblo, porque se inició antes, y después el del suyo), o los promotores de ambos siguieron un modelo “académico” preconcebido; pues hay que tener en cuenta que hoy se tiende más a la innovación, cuando antes se seguían patrones más generalizados y uniformes.

  Sea como fuere, ahí están ambos, desafiando al tiempo, cumpliendo la misión para la que fueron preconcebidos y deleitando la vista de los que se acercan hasta ellos: como a mí me sucedió (y lo seguirán haciendo, porque me encanta el arte y las obras bien hechas…).

   Relájense con su imagen, el agua y la frescura de su entorno, en un día tan infernal como el de hoy…

miércoles, 14 de junio de 2017

Las Potras entre los sistemas graníticos más importantes de España


Hace unos años escribía un modesto artículo sobre las cuevas graníticas de Las Potras y su entorno para poner en valor nuestros  recursos patrimoniales y que se conociera la riqueza natural que atesora el pueblo de Montehermoso. El artículo se puede ver en el siguiente enlace: El Paraje Natural de Las Potras en Montehermoso.

La información, los parajes y las cuevas graníticas que allí se reflejaban, llamó la atención de Marcos Vaqueiro Rodríguez, investigador asociado al Instituto Universitario "Isidro Parga Pondal", Universidad de A Coruña, presidente del Club Espeleolóxico A Trapa y miembro del comité científico de pseudokarst de la UIS (International Union of Speleology)

Como resultado de todo esto tuvo lugar una visita al paraje de Las Potras el 13 de septiembre de 2014 junto a Juan Ramón Vidal Romaní, Catedrático y Director del Instituto Universitario de Geología Isidro Parga Pondal de la Universidad de A Coruña)., y Laura González López, Bióloga, estudiante de Doctorado, en el Instituto Universitario de Xeoloxía Isidro Parga Pondal  en Universidad de A Coruña que participaba en el Proyecto de Investigación “Estudio de microorganismos en espeleotemas de cuevas graníticas”. Y acompañándonos también, un buen amigo y gran compañero que es José Luis Garrido Martín, gran conocedor del entorno y que siempre me ha acompañado en la lucha y defensa del patrimonio natural de nuestro pueblo. 

A partir de entonces ha sido una estrecha colaboración para poner al paraje natural de Las Potras en Montehermoso, entre los grandes sistemas en granitos de la Península Ibérica.

El pasado 5 de junio, Marcos Vaqueiro Rodríguez expuso su Tesis Doctoral “Cavidades naturales en rocas magmáticas: Las cuevas en rocas plutónicas”, en la cual dedica una parte de un capítulo a las Potras de Montehermoso entre varias de las cavidades y sistemas graníticos más importantes de España (páginas 10, 112, 113, 114, 115 y 116). Podéis acceder a la versión digital de la Tesis en: http://hdl.handle.net/2183/19154Está colgada del RUC (repositorio digital Universidad de A Coruña) para su consulta y accesibilidad a nivel mundial.

Este trabajo extraordinario puede acabar convertido en un libro para su difusión a nivel internacional, por lo que la proyección que tendrán las Cuevas Graníticas de Las Potras será mucho más amplia, la idea inicial también contempla la realización de varios artículos sobre la divulgación de este tipo de cuevas y el microclima que albergan. En algunos saldrán por supuesto Las Potras.

Llevo muchos años intentando dar a conocer el paraje de Las Potras para poner en valor su riqueza natural, por eso hoy estoy emocionado, por ver a las cuevas graníticas de Las Potras en la publicación de esta impresionante Tesis Doctoral junto a importantes sistemas y cavidades naturales a nivel mundial.

Mi agradecimiento sincero a Marcos Vaqueiro Rodríguez por este trabajo tan extraordinario y espero verte en este mes de septiembre en una nueva visita al paraje de Las Potras. Aunque sé que el viaje es largo desde tu tierra en Galicia, la hospitalidad de los extremeños y la buena acogida de los montehermoseños os harán tener una estancia más agradable.

Y a mi buen amigo y compañero José Luis Garrido Martín (Mena), también quiero mostrarle mi agradecimiento, porque juntos empezamos esta andadura promocionando y divulgando nuestro patrimonio natural y por ello juntos compartiremos la alegría de este momento. 



sábado, 10 de junio de 2017

Montehermoso minera


MONTEHERMOSO MINERA

Domingo Quijada González

   La minería ha sido uno de los principales motores del desarrollo económico de Extremadura a lo largo de su historia, pero también hubo una época en que lo fue para nuestra localidad.

   Estrabón y Plinio ya mencionaban al aurífero Tajo y sus afluentes, de donde se extraían las pepitas de oro lavando las arenas de esos ríos. Otros lugares desprovistos de agua contienen también el oro, aunque no se advierte en ello: caso del Sierro de Coria y el Sierro de Marifranca, no lejos de Montehermoso.

   Nunca olvidaré una antigua foto de unas montehermoseñas bateando las arenas y gravas del Alagón (cerca del actual puente), en busca del apreciado metal… Conocí a mi propio y difunto tío José González (“Reata”) y sus hijos hacerlo.

   Pero, al margen del oro, los romanos también se llevaron los sillares graníticos de la dehesa de Montehermoso para levantar la muralla de Coria, por su calidad.

   El Estaño y el Wolframio (la famosa “golfa” que oíamos en nuestra niñez) también están presentes en el municipio, especialmente en la zona comprendida entre el arroyo de Valbuena (o Las Pizarritas, o Los Jerechales) y la actual carretera de Plasencia: Las Herrerías, El Ronquito, Las Minas, etc. La minería del wolframio vivió una situación excepcional durante la Segunda Guerra Mundial (blindajes y aleaciones para tanques y cañones), así como su aplicación en las lámparas incandescentes. La gran demanda del metal desató una actividad febril en Extremadura y otros lugares. En nuestro pueblo se trataba de explotaciones pequeñas, que cerraron a los pocos años.

   Lo mismo sucedía con la Galena Argentífera (plomo con plata), de cuyos hallazgos se han publicado noticias en el siglo XVI. O de oro más recientemente: en el XIX (1825), tal vez rellenando huecos en las venas de cuarzo, o en los arroyos y río citado.

   La presencia en esa demarcación es debida al metamorfismo (altas presiones y temperaturas) que sufrieron las pizarras y cuarcitas (guijarros, sobre todo) con el Plegamiento Herciniano de la Era Primaria.

   Yo viví esas explotaciones en infancia, cuando íbamos a coger las aceitunas a “Los Jerechales” (“Helechales que, por cierto, no existen). Llegué a bajar con una soga a los pozos y lograr una aceptable colección de minerales, que más tarde me quitaron en la Universidad…). Un día les hablaré de la cercana fuente “Juan Martín”, pues influiría mucho en mi pasión posterior por la física y meteorología…

   Regresando al tema, en el término municipal de Montehermoso se pueden distinguir tres tipos de formaciones geológicas, que son las responsables de las “minas”.:

. Alineaciones de granito moscovítico situadas al norte del término (color naranja en el mapa), formando el gran batolito granítico Plasencia-Montehermoso que cruza el río Alagón. De él se desgajan los “guijarros” citados que, partiendo de “La Morisca” y sus alrededores dan nombre a un paraje del término y que se adentran en la siguiente formación, una vez que cruzan el arroyo de Aceituna y “Caozo”.

. Un área de metamorfismo de contacto, compuesta por esquistos moteados y metagrauwacas moteadas, situada al sur de la anterior. Color gris en el mapa. Da lugar a buenos suelos para olivares y viñedos.

. Y una formación de grauwacas y pizarras, que abarca el sector meridional de la anterior, incluyendo el sector oriental de la dehesa boyal. Color rosa en el mapa. En esa zona, la presencia de hierro es manifiesta, pero sin formar filones. Apta para olivo, encinas, matorral y pasto (amén de otras especies).

   En la zona de contacto de las dos anteriores es donde se explotaron las minas de estaño, wolframio y galena argentífera de las que hemos hablado, pues fue donde se produjo el metamorfismo en el cuarzo y las pizarras. La señalamos de color azul.

. Formaciones recientes, terrenos de los periodos Terciarios y Cuaternarios que abundan en la vega del río Alagón. Las actuales extracciones de áridos son la mayor riqueza actual minera.


miércoles, 17 de mayo de 2017

Mi carta de presentación



Mi nombre es Juan Jesús Sánchez Alcón. A lo largo de los últimos años he desarrollado una gran experiencia como auxiliar de campo, realizando desde inventarios de vegetación para proyectos de ordenación de montes como ejecutando distintas mejoras en dehesas extremeñas. Así mismo, he impartido talleres y charlas de educación ambiental. En todos los casos he mostrado mucho entusiasmo y dedicación, dando muestra de los amplios conocimientos que tengo de los aspectos ambientales e histórico-culturales; siendo no sólo un experto conocedor de los recursos naturales del Valle del Alagón y de toda Extremadura, sino también un gran conocedor y divulgador de la historia, cultura y costumbres de Montehermoso y de su dehesa boyal, como se puede constatar en las decenas de charlas y conferencias, artículos, comparecencias televisivas y colaboraciones con expertos investigadores del sector.

He trabajado y colaborado en actividades de voluntariado en proyectos de educación ambiental, y de gestión y conservación en áreas protegidas. He realizado seguimientos, estudios e inventarios de fauna y flora. He colaborado con organismos, instituciones y organizaciones para la salvaguarda del patrimonio natural y cultural.

He investigando y descubierto lo mejor de nuestro patrimonio y recursos naturales, haciendo especialmente de la dehesa boyal de Montehermoso y de todos sus valores naturales y culturales, mis principales temas de estudio y divulgación.

He presidido durante 10 años la Asociación Andares (Asociación para la Conservación de la naturaleza y la cultura tradicional), dedicando la gran parte de mi tiempo a la promoción del senderismo y a labores de dinamización social, cultural, turística y medioambiental de manera totalmente voluntaria y desinteresada. He inspirado la filosofía de esta asociación: la convivencia, el compañerismo, la amistad y  la solidaridad entre las personas, y el amor y respeto por la naturaleza.

He inculcado valores encaminados a proteger nuestro patrimonio y nuestros recursos naturales, llevando a cabo numerosas jornadas de educación ambiental, cuyos fines y actividades contribuyeron a lograr una mayor sensibilización y concienciación ambiental. Todo para lograr un mundo mejor y más comprometido con el medio ambiente.

He conseguido que durante mi etapa al frente de Andares, está asociación fuera todo un referente cultural y ambiental en Montehermoso, en la Comarca del Valle del Alagón y Extremadura en general.

Desde Mis funciones en el Ayuntamiento de Montehermoso, he promovido y potenciado el turismo, el senderismo, el patrimonio histórico-cultural y ambiental del municipio. Es loable que todo este vasto conocimiento es fruto de mi interés por conservar y proteger la biodiversidad que ofrece el Valle de Alagón y la gran riqueza patrimonial de Montehermoso, enfocando todo mi esfuerzo, e incluso gran parte de mi tiempo libre, a la divulgación educativa de estos valores, como queda reflejado en mis blogs y artículos sobre educación ambiental y el patrimonio natural de Montehermoso en (http://montehermosonatural.blogspot.com.es/) y sobre la historia y el patrimonio cultural de Montehermoso en (http://montehermosocultural.blogspot.com.es/).

Dichos blogs conjuntamente son, como se puede comprobar, un excelente compendio de la historia, cultura, sociedad y naturaleza de Montehermoso y su entorno. No sin motivo, es por lo que soy requerido para dar conferencias, entrevistas, asesorar, participar en jornadas e impartir talleres educacionales para personalidades y organismos públicos y privados de distinta índole. Aparte de experiencia y conocimientos, hay que poner pasión. Hay que saber transmitir, saber comunicar y trasladar tus sentimientos y emociones al público. 

Hay muchas iniciativas en mi cabeza y ganas de trabajar por la conservación de nuestro patrimonio natural y cultural. La pasión, entusiasmo, perseverancia, esfuerzo y voluntad siempre me acompañan, ya que esas son esas son mis señas de identidad.

En general soy un enamorado y apasionado de mi tierra y de su historia y su cultura, que desde siempre ha transmitido valores de respeto y protección por el entorno. Haciendo disfrutar a la gente de nuestra dehesa, de una forma respetuosa con el medio ambiente, valorando nuestra historia, nuestros hermosos paisajes y dando a conocer los valores naturales y culturales que atesora este espacio protegido. Educación Ambiental desde el corazón para poner en valor los recursos naturales de Montehermoso.

sábado, 29 de abril de 2017

El Arroyo del Pez de Montehermoso. Su toponimia y vivencias





 Arroyo del Pez a su paso por el Valle del Jerrao. 2 de mayo de 2016. Fotografía: Juan Jesús Sánchez 
 
El Arroyo del Pez en Montehermoso es el principal colector de buena parte del término municipal de nuestra localidad (excepto del sector oriental), alma y vida de ella en numerosos aspectos, al que hoy deseamos glosar por ello porque, desde la más remota Prehistoria, nuestros ancestros no dudaron en asentarse a su vera.

Nace de la afluencia de varios manantiales, regatos, escorrentías y cursos de agua menores, a medio camino entre Montehermoso y Aceituna, en un amplio paraje donde confluyen los términos de tres municipios hermanos: los dos citados antes, más el de Pozuelo de Zarzón; rodeado de cerros y berrocales graníticos: Teso Alto, Las Cumbres, Peña Hincada, etc. Un poco más abajo, sus aguas se embalsan artificialmente.

Incrementando su caudal a medida que discurre aguas abajo, siempre en dirección meridional (excepto en sus numerosos meandros o entalladuras), al recibir el líquido de otros muchos arroyos gregarios: el Segundo Arroyo, Perdiguero, el Madroñal, Grande o Morcillo y otros. Precisamente, una vez que se une a ese último, su nombre cae en el anonimato asociado al del arroyo Grande –o de Morcillo–; y, de ese modo, hasta que se cobija en los brazos de su padre Alagón (entre El Batán y Puebla de Argeme), tras un dilatado recorrido.

Cuando yo era niño –imagino que al igual que mis “quintos” y mayores también–, jamás oí que se llamara así: “arroyo del Pez”; sino que para nosotros era simplemente “el Arroyo”; o bien lo matizábamos con el apelativo de sus diferentes tramos: arroyo de los Molinos, arroyo de las Viñas, del Charco o Repaladín, de Respinga, de la Casa del Guarda, de Jerrao, etc.

Y al Charco solía llevar a mi madre, en invierno y primavera, con un borrico a lavar la ropa de su numerosa prole: los lunes, como era habitual entonces… Aún tengo grabada en mi mente la imagen de sus delicadas manos rojas como la grana, en aquellas frías y heladas mañanas. Pero también la alegría y frescura de su marfileña cara tras la tarea culminada. A menudo, cuando las numerosas lavanderas acaparaban los mejores sitios, nos desplazábamos al “Segundo Arroyo” o por debajo del molino “Respinga” (en los buenos charcos a los que luego haremos alusión, pero por otro motivo diferente).

Pero sigo creciendo (no mucho, porque sólo mido 1’64…) y estudiando (ya en Plasencia). Devoro todo lo que cae en mis manos, unas veces por obligación y otras por devoción. Estas últimas sobre todo cuando hacían referencia a mí amado pueblo. Y, ¡mira por donde!, un día descubro que ese torrente que siempre me fue tan familiar resulta que se llama oficialmente “del Pez”.

Y, ¿por qué?, fue lo primero que mi mente en maduración se preguntó. Pero muy pronto, recordando las andanzas con mis hermanos por esos bellos parajes, hallé la solución: PORQUE, a diferencia de otros arroyos cercanos, ÉSE TENÍA PECES (al menos antes, pues por diversas circunstancias se ha ido contaminado, al menos hace unos años…). ¿Barbos, bogas o pardillas?
 
Lo ignoro, porque entonces no los distinguía. Aunque ahora me inclino por esas últimas por una sencilla razón: cuando yo aún oscilaba por la infancia y mis dos hermanos mayores surcaban ya la adolescencia, hacíamos un alto en la trilla para ir a coger los peces que agonizaban en sus charcos más profundos, que mantenían una desesperada lucha con el Sol para no sucumbir en el cálido y árido verano. Y los barbos y bogas suben desde el Tajo y Alagón en primavera a desovar. Los primeros necesitan un mayor caudal de agua que las bogas; y éstas se rezagan a veces en su descenso; mientras que la pardilla suele permanecer en ese hábitat tan extremeño, siempre que haya agua.

De lo que entonces y hoy sí soy consciente es que estaban riquísimos –y más en aquellos tiempos…–. Y que no hacíamos ningún daño al medio ambiente porque, si no lo hubiéramos hecho, habrían muerto, contaminando el lecho del arroyo. Y sin trasmallos, cañas u otros artilugios; con la única ayuda de tres cestas de mimbre, resolvíamos la cena (y limpiábamos el cauce)..
¿Y cuáles eran los mejores sitios para atraparlos? 

Pues muy elemental: los buenos charcos ubicados desde Respinga para abajo. 

También traíamos a veces algún galápago, el mejor remedio natural contra ratones y reptiles para los pajares y trojes. 

Y las múltiples vivencias que, a partir de ahora, iremos desgranando en estas páginas.

Ahora mostramos Respinga con esta foto de Juan Jesús Sánchez Alcón.

 Aguas contaminadas del Arroyo del Pez a su paso por Respinga. 
16 de marzo de 2010.




Domingo Quijada González

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