Montehermoso Natural

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sábado, 29 de abril de 2017

El Arroyo del Pez de Montehermoso. Su toponimia y vivencias





 Arroyo del Pez a su paso por el Valle del Jerrao. 2 de mayo de 2016. Fotografía: Juan Jesús Sánchez 
 
El Arroyo del Pez en Montehermoso es el principal colector de buena parte del término municipal de nuestra localidad (excepto del sector oriental), alma y vida de ella en numerosos aspectos, al que hoy deseamos glosar por ello porque, desde la más remota Prehistoria, nuestros ancestros no dudaron en asentarse a su vera.

Nace de la afluencia de varios manantiales, regatos, escorrentías y cursos de agua menores, a medio camino entre Montehermoso y Aceituna, en un amplio paraje donde confluyen los términos de tres municipios hermanos: los dos citados antes, más el de Pozuelo de Zarzón; rodeado de cerros y berrocales graníticos: Teso Alto, Las Cumbres, Peña Hincada, etc. Un poco más abajo, sus aguas se embalsan artificialmente.

Incrementando su caudal a medida que discurre aguas abajo, siempre en dirección meridional (excepto en sus numerosos meandros o entalladuras), al recibir el líquido de otros muchos arroyos gregarios: el Segundo Arroyo, Perdiguero, el Madroñal, Grande o Morcillo y otros. Precisamente, una vez que se une a ese último, su nombre cae en el anonimato asociado al del arroyo Grande –o de Morcillo–; y, de ese modo, hasta que se cobija en los brazos de su padre Alagón (entre El Batán y Puebla de Argeme), tras un dilatado recorrido.

Cuando yo era niño –imagino que al igual que mis “quintos” y mayores también–, jamás oí que se llamara así: “arroyo del Pez”; sino que para nosotros era simplemente “el Arroyo”; o bien lo matizábamos con el apelativo de sus diferentes tramos: arroyo de los Molinos, arroyo de las Viñas, del Charco o Repaladín, de Respinga, de la Casa del Guarda, de Jerrao, etc.

Y al Charco solía llevar a mi madre, en invierno y primavera, con un borrico a lavar la ropa de su numerosa prole: los lunes, como era habitual entonces… Aún tengo grabada en mi mente la imagen de sus delicadas manos rojas como la grana, en aquellas frías y heladas mañanas. Pero también la alegría y frescura de su marfileña cara tras la tarea culminada. A menudo, cuando las numerosas lavanderas acaparaban los mejores sitios, nos desplazábamos al “Segundo Arroyo” o por debajo del molino “Respinga” (en los buenos charcos a los que luego haremos alusión, pero por otro motivo diferente).

Pero sigo creciendo (no mucho, porque sólo mido 1’64…) y estudiando (ya en Plasencia). Devoro todo lo que cae en mis manos, unas veces por obligación y otras por devoción. Estas últimas sobre todo cuando hacían referencia a mí amado pueblo. Y, ¡mira por donde!, un día descubro que ese torrente que siempre me fue tan familiar resulta que se llama oficialmente “del Pez”.

Y, ¿por qué?, fue lo primero que mi mente en maduración se preguntó. Pero muy pronto, recordando las andanzas con mis hermanos por esos bellos parajes, hallé la solución: PORQUE, a diferencia de otros arroyos cercanos, ÉSE TENÍA PECES (al menos antes, pues por diversas circunstancias se ha ido contaminado, al menos hace unos años…). ¿Barbos, bogas o pardillas?
 
Lo ignoro, porque entonces no los distinguía. Aunque ahora me inclino por esas últimas por una sencilla razón: cuando yo aún oscilaba por la infancia y mis dos hermanos mayores surcaban ya la adolescencia, hacíamos un alto en la trilla para ir a coger los peces que agonizaban en sus charcos más profundos, que mantenían una desesperada lucha con el Sol para no sucumbir en el cálido y árido verano. Y los barbos y bogas suben desde el Tajo y Alagón en primavera a desovar. Los primeros necesitan un mayor caudal de agua que las bogas; y éstas se rezagan a veces en su descenso; mientras que la pardilla suele permanecer en ese hábitat tan extremeño, siempre que haya agua.

De lo que entonces y hoy sí soy consciente es que estaban riquísimos –y más en aquellos tiempos…–. Y que no hacíamos ningún daño al medio ambiente porque, si no lo hubiéramos hecho, habrían muerto, contaminando el lecho del arroyo. Y sin trasmallos, cañas u otros artilugios; con la única ayuda de tres cestas de mimbre, resolvíamos la cena (y limpiábamos el cauce)..
¿Y cuáles eran los mejores sitios para atraparlos? 

Pues muy elemental: los buenos charcos ubicados desde Respinga para abajo. 

También traíamos a veces algún galápago, el mejor remedio natural contra ratones y reptiles para los pajares y trojes. 

Y las múltiples vivencias que, a partir de ahora, iremos desgranando en estas páginas.

Ahora mostramos Respinga con esta foto de Juan Jesús Sánchez Alcón.

 Aguas contaminadas del Arroyo del Pez a su paso por Respinga. 
16 de marzo de 2010.




Domingo Quijada González

miércoles, 26 de abril de 2017

Aprendiendo con Jaime Rio-Miranda Alcón y Juan Carlos Olivares Pedreño

En la fotografía Jaime Rio-Miranda Alcón, el que escribe y Juan Carlos Olivares Pedreño.

Durante estos años he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas a nivel nacional e internacional, relacionadas con la naturaleza, el medioambiente, la cultura, el folklore, la antropología, la historia y la arqueología. Grandes personas que son a la vez grandes investigadores y divulgadores que con el tiempo se convirtieron en buenos amigos.

El 19 de abril tuve la grandísima suerte de conocer a alguien más. Y todo se lo debo a mi buen amigo y gran investigador, Jaime Rio-Miranda Alcón que me dio la oportunidad de conocer en persona a Juan Carlos Olivares Pedreño del Departamento de Prehistoria de la Universidad de Alicante y al que ya considero un amigo más.

Fue un día de aprendizaje con estos dos grandes investigadores. Vimos un Ara votiva de granito dedicada a la divinidad indígena de Vortiaceo y aprendí un poco más de las fronteras y el testimonio de la presencia Lusitana en Montehermoso.

Al llegar a casa busqué entre mis archivos y me encontré con varios trabajos suyos que tenía guardados sobre los dioses de la Hispania céltica, las divinidades indígenas y las inscripciones votivas. 




domingo, 23 de abril de 2017

La Gran Encina

 

En el Parque Periurbano de Conservación y Ocio Dehesa Boyal de Montehermoso abundan árboles centenarios que están llenos de historia y que han sido testigos del paso del tiempo y de las huellas que dejaron nuestros antepasados. Han resistido a todo tipo de inclemencias, desde épocas de sequia o los fuegos provocados por la mano del hombre, convirtiéndose en auténticos supervivientes y símbolos de la naturaleza.

En este espacio natural protegido hay uno que destaca entre todos, La Gran Encina. Este emblemático ejemplar llama la atención de quien lo visita por su impresionante presencia y grandes dimensiones, además de por ser uno de los más antiguos que se conocen.

Sus ramas han proporcionado leña para aliviar el frio invierno y sus bellotas para alimentar al ganado que pastaba en la dehesa. Su copa ha dado sombra y servido de refugio durante siglos a hombres y animales.
Este árbol legendario está situado en un paraje donde abundan restos arqueológicos prehistóricos, dólmenes, cistas, aldeas y varios asentamientos antiguos.

Merece la pena visitarlo y admirar su presencia y la del conjunto megalítico donde se encuentra para entender la conexión de la historia con la naturaleza. Todo siempre desde el respeto y conocimiento.

La Gran Encina debe ser declarada Árbol Singular y Monumento Natural de Extremadura. Mi reconocimiento ya lo tiene y así lo muestro y enseño a todo el mundo.



viernes, 7 de abril de 2017

Quejigo (Quercus faginea)


Quejigo, Roble carrasqueño (Quercus faginea). Familia: Fagaceae. Parque Periurbano de Conservación y Ocio Dehesa Boyal de Montehermoso. 2 de abril de 2017.

Este árbol perteneciente al genero Quercus está entre el roble y la encina, caracterizandose por tener hojas marcescentes, es decir, que siendo caducas permanecen todavia en el arbol hasta que brotan las nuevas.

 
Detalle del Quejigo en  floración con las hojas marcescentes y las nuevas brotando.

Este ejemplar que se halla en plena floración, se encuentra en el Parque Periurbano de Conservación y Ocio Dehesa Boyal de Montehermoso, en una zona de transición de la dehesa boyal de Guijo de Galisteo, compuesta por Roble melojo o Rebollo (Quercus pyrenaica) y de otra zona de la dehesa boyal de Montehermoso compuesta principalmente por ejemplares de Encinas (Quercus Ilex) y Alcornoque (Quercus suber).

El Parque Periurbano de Conservación y Ocio Dehesa Boyal de Montehermoso cuenta con cinco especies del genero Quercus, que destaco en primer lugar en cuanto a la proporción y numero de ejemplares. Encina, Alcornoque, Roble, Mesto y Quejigo.

 Quejigo, Roble carrasqueño (Quercus faginea). Familia: Fagaceae. Parque Periurbano de Conservación y Ocio Dehesa Boyal de Montehermoso. 12 de junio de 2016.

jueves, 6 de abril de 2017

Narciso trompetero (Narcissus bulbocodium)



Recuerdos de mi infancia en la dehesa boyal de Montehermoso por Domingo Quijada González


Hay preciosos parajes en Extremadura, muchos de los cuales tengo grabados en mi retina y corazón. Suelo visitarlos y disfrutar de ellos cuando puedo pero, cuando no me es posible, recurro a las imágenes guardadas en mi computadora. Como ésta de mi gran amigo Juan Jesús Sánchez, el gran cronista de Montehermoso: la fuente ferruginosa (de apenas un metro de profundidad, pero que no se seca), la pila (que en realidad es un sarcófago romano de tipo "cervicale", donde antes se bañaban mis paisanos), el estanque añadido en los últimos años y la laguna de "Jerrao".

Todo ello en esa maravilla natural y arqueológica que constituye la dehesa boyal de Montehermoso. Mi noviazgo con ese paisaje surgió muy pronto, en mi más dura y tierna infancia, pues mi padre trillaba muy cerca (en el "Valle de los Linares") y cada anochecer me encargaba que llevara allí la yunta de mulos para que descansaran, comieran y se refrescaran para soportar el esfuerzo del día siguiente. De paso aprovechaba para llenar el barril, pero apartando la "nata" y colocando un trapo para evitar que penetraran las peligrosas sanguijuelas. Agua fresca y saludable, pues al ser ferruginosa evitaba que las anemias nos afectaran... De mozo trasnochaba para coger las abundantes y exquisitas ranas, con la ayuda de un carburo o después con los faros de mi seiscientos amarillo (el delito ya ha prescrito). A veces bajaba hasta el molino de Jerrao, o ascendía hasta la Maja de los Porqueros o el Tremal. Esta tarde, mientras descanso un rato en mi cotidiana tarea lectoescritora, por enésima vez abro la foto y sueño despierto... 


Domingo Quijada González

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