Montehermoso Natural

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lunes, 14 de junio de 2010

Dos construcciones singulares en Montehermoso: La Puente y la Fuente del Ronco

En los últimos tiempos se habla –y escribe– bastante acerca de las presuntas obras que los romanos nos legaron y, entre las más señaladas, hay dos que se llevan la palma por su valor artístico y utilidad práctica. Nos estamos refiriendo a la fuente del Ronco y al puente sobre el arroyo Aceituna –más conocida por estos lares como La Puente–. Monumentos que también nos han llamado siempre la atención, motivo por el que les hemos dedicado muchas horas –teóricas y prácticas– en los últimos tiempos. Y, ante la proliferación de la adjudicación ya señalada, creo que ha llegado el momento de que expongamos algunas de nuestras conclusiones. Pero, antes, debemos precisar algunos conceptos suficientemente explicativos.

Consideraciones previas

Hasta hace algunas décadas, a todo lo arcaico cuyo origen se ignoraba se le denominaba obra de “moros”; pero, en estos últimos años, a aquello que es antiguo y desconocido se le atribuye procedencia romana. Lo que a veces es cierto; pero en otros casos no lo es o, a lo sumo, es incompleto. Y así sucede en casi todas partes: por ejemplo, eso es lo que se le imputa a todos los puentes que salvan las gargantas de la Vera, metiendo en el mismo saco a romanos con medievales… Hablando de puentes romanos, a pesar de que los comentarios populares atribuyen su procedencia a un gran número de ellos, sólo una treintena están catalogados como tales en toda Extremadura. Los reclamos publicitarios de un gran porcentaje de municipios o asociaciones por atraer visitantes (cosas del turismo, para que nos entendamos…), el desconocimiento histórico y artístico en general, unido a la escasez de estudios científicos en este sentido, han posibilitado esas creencias.

Y una segunda aclaración: es evidente que numerosas construcciones sufrieron las consecuencias de la vejez, de los fenómenos de la naturaleza o de las acciones humanas negativas (sobre todo en las guerras), y hubo que restaurarlas más tarde. Lo que en gran medida complica la investigación.

En tercer lugar, en la etapa medieval y renacentista (sobre todo desde los siglos XIII al XVI, ambos incluidos) las construcciones hidráulicas romanas –a las que nos vamos a referir– se imitan desde el punto de vista técnico, lo que nos confunde muchas veces. Los arcos de medio punto y las bóvedas de cañón se generalizan por su esbeltez, sobriedad y utilidad práctica.

Una vez expuesto ese preámbulo, entremos en cuestión.

Fundamentos históricos

Unas obras no se levantan al azar, y más si son tan costosas como éstas. Aunque desconocemos quiénes y por qué lo hicieron, por lo que hemos de recurrir a las hipótesis, pero basadas en una serie de condicionantes históricos.

1. En primer lugar, es muy posible que por aquí transcurriera una vía romana que enlazaría Coria con Cáparra, llegando a Montehermoso tras cruzar la Dehesa Boyal (por “Las Mesas”, el camino de “Valdecaballos” –o de Coria– y la laguna del “Tremal”), prosiguiendo a continuación por el antiguo camino de Santibáñez (fuente del Ronco y de los “Tremales”, “La Puente”, “Piedra del Burro”, Navalaguija, etc.). Se conservan restos –aunque exiguos– que así lo aseveran. Y, además, es lógico pues, siendo tan prácticos como eran, de ese modo evitarían dar un rodeo para alcanzar la Vía de la Plata. Aunque ese desvío no sería tan grande, puesto que esa calzada pasaba por lo que hoy es San Gil y Pradochano; muy cerca de Riolobos, Galisteo y Carcaboso. Pero el tener que vadear el río Alagón, casi imposible habitualmente –excepto en verano–, daba más posibilidades a la ruta de la margen derecha (es decir, por nuestro pueblo…).

Por otro lado, el camino por Montehermoso serviría igualmente para transportar desde la cantera de la Dehesa Boyal las rocas graníticas con que levantarían la muralla de Coria. Y, dada la reconocida calidad de nuestro material, puede que también tuviera como destino Cáparra (aunque en sus alrededores haya granito). Un estudio minucioso de los elementos que lo componen (tipo de cuarzo, feldespato, mica…) desvelaría esa posibilidad.

Resumiendo, no sería una verdadera calzada; sino un simple camino más o menos adecentado, como muchos de los que trazaron por la geografía hispana. Suficientes pruebas nos confirman esta hipótesis:

Si hubiera sido una auténtica calzada, a lo largo de la misma habrían levantado villas y otras edificaciones o posadas para descanso de viajeros y animales (mansios, cauponas, tabernas y mutatios), tan habituales en estos casos (como se aprecian en otros lugares). Lo que no hemos observado por ningún lado a lo largo de esta senda.

Sin embargo, restos de las mismas (tejas, muros, cerámica, monedas…) sí aparecen en las márgenes del Alagón (“Corral de las Vacas”, de Vega la Barca; en la “Boca del Arroyo”, junto a la Barca y desembocadura del arroyo Aceituna; el Castillo de la Atalaya, etc.), donde había unas condiciones favorables de asentamiento agropecuario y aurífero; pero son muy escasos a lo largo de esta supuesta ruta (Coria-Montehermoso-Santibáñez-Ahigal-Cáparra),si exceptuamos algunos restos que he hallado en la Dehesa Boyal (con grandes posibilidades de poblamiento en el pasado, dada su riqueza edafológica): un fragmento de molino romano en el área de la laguna del Tremal (cerca del dolmen y de un horno de esa misma época, reutilizado posteriormente), la pila de la fuente de “Jerrao” (que en realidad es una tumba o sarcófago romano, con apoyo para la cabeza incluido; con otro horno en sus proximidades); más otros elementos ya conocidos hallados en el extrarradio o en el propio pueblo (donde tuvo que haber un modesto asentamiento), como un par de monedas, la cantera de la citada dehesa para levantar la muralla de Coria, el verraco vetón reutilizado como lápida sepulcral romana, dos inscripciones en las proximidades del pueblo, los dos monumentos que analizamos en este trabajo…; y poco más. Por eso no se incluye este sendero en los mapas romanos más frecuentes.

1.- La posible vía Coria-Cáparra y otros enclaves (D. Quijada)

2.- El interesante paraje de “Jerrao” (Juan Jesús Sánchez)

¿Erigieron los romanos entonces esas dos construcciones?

Es muy posible. Con la lógica prudencia que hay que mantener en estos casos, ya que la ausencia de otros restos de dicha cultura en su entorno más inmediato nos obliga a actuar con moderación. Además, en el supuesto de que hubieran sido levantadas por los romanos, nos hallaríamos ante construcciones muy contaminadas, impuras o reconstruidas. Pero continuemos con las fases históricas que pudieron afectar a esta vía.

2. Hemos de tener presente que, tras los romanos y visigodos, este sector extremeño estuvo yermo durante varios siglos, coincidiendo con la dominación musulmana: los árabes sólo se asentaron en tierras fértiles, especialmente en las vegas de los ríos, cruce de caminos, áreas comerciales y otros lugares idóneos para ellos. Por lo tanto, de haber habido alguna obra se habría derruido en esos años de abandono.

Pero llega la Reconquista y, con el siglo XIII, comienza la repoblación del valle del Alagón. Surge así la Mancomunidad de Villa y Tierra de Galisteo, y el nacimiento de las alquerías y pueblos de su demarcación (incluyendo Montehermoso). Y, en un principio, la conexión entre Granadilla y La Atalaya fue total. E, incluso, el rey Alfonso IX de León llega a instalarse en esa pequeña fortaleza montehermoseña (1229), desde donde organiza la reconquista de Montánchez (ver el excelente trabajo de Aurelio Gutiérrez sobre Montehermoso, Estudio Histórico, 1990).

¿Fue entonces cuando se edifica –o reconstruye– La Puente, para posibilitar el trasiego de tropas con su correspondiente bagaje militar; y para facilitar la repoblación de la margen derecha del Alagón, que fue mayoritariamente castellanoleonesa? Desde luego, o se hizo entonces o hubo que restaurarlo; pues, en caso contrario, ¿Cómo salvaban el arroyo Aceituna con sus carros?

Además, y también en ese siglo XIII, las Religiosas Comendadoras del convento santiaguista de Santi Spíritu (Salamanca) eran propietarias de los castillos –con sus tierras– de La Atalaya y Palomero. Y este camino era la conexión natural entre ambas encomiendas, con sus suculentos diezmos, que se perpetuaron hasta 1835 (cuando son desamortizadas por Mendizábal). No es muy inverosímil esta teoría, pero lo debían haber registrado –o grabado– en algún lugar…

3. Poco después, en 1273, Alfonso X el Sabio crea el Honrado Concejo de La Mesta, que controlaba la lana: una de las actividades económicas más importante en aquella época. Para permitir la trashumancia, se establecen las vías pecuarias: cañadas, cordeles, veredas o ramales y coladas (cuyas anchuras variaban, de más a menos); así como descansaderos, contaderos, abrevaderos, majadas, etc.

A nuestra comarca le afectaba la Cañada Real Vizana (o de la Plata), con sus redes secundarias, que partía de León –o finalizaba allí, según el origen o la meta del viaje–; atravesaba Zamora, Salamanca, Béjar, Plasencia, Cáceres, Mérida y Badajoz; con ramificaciones hasta Portugal y Andalucía. Un conjunto de veredas y coladas comunicaban los pueblos del entorno de Montehermoso con este de cordel, coincidente hoy con el camino que pasa por La Puente (y por la fuente del Ronco, es lógico).

Muy pronto llega la Mesta a esta zona: a finales del siglo XIII o principios del XIV (un poco más tarde que el tema descrito de La Atalaya); sobre todo en busca de sus pastos de invierno y primavera (incluyendo a la exquisita Grama; así como el Gamón, muy apreciados por las merinas), donde establecen poblados temporales o semiestables, que gradualmente se convertirán en permanentes.

Este hecho fue trascendental para los monumentos en cuestión, pues por esta ruta (posible vía romana anterior, según hemos señalado) transitaría la vía pecuaria ¬cordel– que recogía los ganados de las dehesas de la zona de Coria, Morcillo, ambos Guijos, Villa del Campo, Pozuelo, Montehermoso, etc.; llevándolos en junio hasta el pontón romano del Guijo de Granadilla (próximo a Cáparra), que salvarían para desembocar en la Cañada Real Vizana; y regresando en septiembre, cuando las nieves y los fríos de Castilla les obligaba a volver. Y habría que adecentar fuentes (como la del Ronco y la cercana del “Tremedal”), lagunas (la del “Tremal”, en la Dehesa; o las ya desaparecidas de San Sebastián y del “Ejido del Prado”), puentes (el del arroyo Aceituna) y otros elementos necesarios (erigidos por vez primera o reparados si se encontraban arruinados). Incluso, más tarde, darían lugar al establecimiento a su vera de manufacturas artesanales, como los conocidos talleres de campanillos. Hasta aquí todo cuadra, pues los caminos de La Mesta solían reutilizar las vías romanas.

Sin embargo, según mi modesto entender, es poco probable que este puente se levantara para la trashumancia pues, cuando se suele llevar a cabo (Junio hacia Castilla y en Septiembre para abajo), el arroyo Aceituna lleva muy poca agua y se puede vadear con facilidad.

4. Por último, al alborear el siglo XVIII se produce en España la Guerra de Sucesión, que enfrenta al futuro rey Felipe V con el pretendiente, el archiduque Carlos de Austria (al que apoyan Portugal y otros países). Y resulta que este sector cacereño estaba bastante indefenso, por lo que urgía un buen camino que permitiera el trasiego de tropas y bagaje militar por él; entre Coria, Béjar y Salamanca; para defender el valle del Alagón, Hurdes y Sierra de Gata de un posible ataque luso. Y, ¡qué casualidad!, en una dovela basal de la margen derecha y superior son visibles la marca del cantero y la fecha de 1702, durante la Guerra de Sucesión, dos años antes de que comenzara la campaña de Extremadura.

De donde se derivan sólo dos hipótesis: o se levantó entonces el “Puente de Piedra” (nombre literal con el que se representa en muchos mapas, incluyendo los famosos topográficos), o fue entonces cuando lo repararon (por los motivos ya reseñados).

5. Pudo haber algún que otro motivo que ignoramos, pero siempre anterior a 1702:

- Pudo ser el resultado de algún acuerdo entre los Ayuntamiento de Santibáñez y Montehermoso, para facilitar las comunicaciones e intercambios entre ambas poblaciones (esta vía siempre constaba antes como “camino de Santibáñez”).
- También sabemos que sobre buena parte de la margen derecha del Alagón poseían cierta jurisdicción tanto el ducado de Alba como el obispado de Coria, que bien pudieron intervenir en las obras que estamos analizando. La cruz que el cantero marca en 1702 parece señalar la influencia episcopal. Pero bien pudieron plasmar algo más divulgativo, como el escudo.
- E, incluso, que La Puente fuera obra sólo de nuestro municipio, con numerosas tierras concejiles en el entorno de “La Morisca” y “Piedra del Burro”, para favorecer los accesos a esas tierras de labor y pasto. Pero el elevado coste que tendría no compensaría los servicios en una zona muy deprimida.
- Y alguno más que ahora no recordamos.

Pero de lo que sí estamos seguro es que en alguna –o en varias, si tenemos en cuenta las restauraciones– de esas fases se construyeron ambos monumentos.

Y ahora, tras esos fundamentos, pasemos al análisis de los elementos protagonistas de esta ponencia, comenzando por

A. La Fuente del Ronco: situada en la Cañada de los Rebollares, por donde antes pasaba la ruta pecuaria (y tal vez también la romana, según hemos anticipado) y en un lugar muy rico en agua subterránea (que fluye entre las pizarras, tras haberse filtrado arriba, en el batolito granítico de la Barrera del Ronco).

Construida con sillares graníticos (signo de distinción, pues en su entorno más inmediato predomina la pizarra), a base de dovelas en forma de cuña que componen el arco de medio punto –o la pequeña bóveda de medio cañón– en clara disposición radial (tan habituales en el mundo romano, pero también medievales), coronada por una clave –dovela central– que sobresale en su extremo superior (que, además de cerrar el arco, le daba cierta belleza y armonía),y tapada la parte inferior de ambas aberturas (el pretil) también con sillares graníticos, como sistema de protección. Cal (muy importante para conocer el origen de la construcción o/y de la restauración, según veremos), arena y pequeñas lajas de pizarra completan o rellenan la estructura, sobre todo en el sector subterráneo y acuático. Es decir, de acuerdo con Vitruvio, utilizaron el famoso opus signinum, tan usual en la arquitectura e ingeniería hidráulica romanas. Pero no olvidemos lo dicho: que este modelo constructivo, de sillares y bóvedas, fue muy común también en la Edad Media (incluso después).

El aspecto técnico es muy interesante, pues demuestra que no es una obra de autoría local y popular, sino que guarda unos cánones artísticos clásicos y bien logrados.

En algunos tramos –especialmente en la parte posterior– se aprecia el desplazamiento de algunos sillares. Y es natural, ya que las dovelas están sometidas a esfuerzos de compresión, fundamentalmente, pero transmiten empujes horizontales en los puntos de apoyo, hacia el exterior, de forma que tienden a provocar la separación de éstos. Éste ha sido el motivo de diversos daños y reparaciones que ha sufrido a lo lago de la historia, lo que dificulta el análisis global. Por cierto, cuando se ha restaurado se han incorporado o “picado” piedras que nos pueden confundir: pues aparentan contener letras, o haber eliminados otras existentes (se observan en el lateral izquierdo externo, según la contemplamos).

No hace falta recalcar el valor que las fuentes han tenido para la humanidad, sobre todo en el pasado. Pero ése es otro tema que en estos momentos se aleja del fundamento de esta ponencia.

Aunque, finalizando ya, hay un hecho que siempre atrajo mi atención: ¿Por qué se puso tanta atención en la fuente del Ronco y mucho menos en la del Tremedal, tan rica y saludable en agua? ¿Fue tal vez la proximidad al núcleo urbano?...

Y ahora, antes de terminar y de exponer nuestras conclusiones finales, veamos otras fuentes similares que se ubican en un entorno más o menos cercano. Que, como en el caso de la montehermoseña, los estudiosos dudan entre asignar su origen a época medieval o romana.

3.- Fuente del Ronco, Montehermoso (Cáceres). Romana en su origen, tal vez (D. Quijada)

4.- Fuente del Oro, Villa del Campo (Cáceres). Con muchos rasgos similares a la del Ronco. Su origen es incierto, tal vez medieval (foto: Raquel Parras)
5.- Fuente Buena, Calzada de Valdunciel (Salamanca). Se cree que es medieval. Pero para el pretil se reutiliza una estela antropomorfa romana

6.- Fuente de Gamonal-Manjabálago (Ávila). Medieval

Pero conocemos otras muchas que guardan cierto paralelismo con la nuestra, entre las que citamos algunas cercanas a Montehermoso, por si alguien desea visitarlas:

- Fuente Arroyo, Villanueva de la Sierra (Cáceres). Procedencia medieval.
- Fuente Conceja, Zarza la Mayor (Cáceres). También es medieval
- Fuente de Pozuelo de Zarzón (Cáceres), en el pago de Santa María, junto a la ermita de Nª Sª de la Encina (carretera de Santa Cruz). Hay dudas sobre su origen, pero tal vez sea medieval o posterior.
- Fuente de los Cabreros (Navalmoral de la Mata). Medieval

Conclusión: de acuerdo con el análisis de los elementos descritos, los fundamentos históricos y las comparaciones efectuadas (sin olvidar los retoques explicados), nos encontramos con una construcción que pudo haber sido romana en su día (hace casi dos milenios); aunque con numerosos aditivos o restauraciones posteriores (incluyendo medievales y modernas). Pero, de acuerdo con lo que ya hemos anticipado, tenemos serias dudas también, ya que conocemos otras muy parecidas que están catalogadas como medievales. De todos modos, hay dos métodos que nos sacarían de duda:

1.- El análisis de la cal. Este elemento constructivo se endurece con la edad. Por lo tanto, analizando diversas muestras nos permitirían conocer las diferentes etapas o reparaciones constructivas. Pero hay un problema: habría que “desguazar” la fuente (sería más fácil hacerlo si estuviera derruida y se fuera a recomponer).

2.- El otro –y más fidedigno– es someter diversas muestras de la misma a la prueba del Carbono-14 (sobre todo mediante espectrometría de masas con acelerador), u otras técnicas utilizadas en arqueología. Así conoceríamos la antigüedad de sus materiales y el trabajo con los mismos con bastante precisión. Aunque es costoso.

B.- La Puente. Sirve para salvar el arroyo de Aceituna, según decíamos, y está construida con sillares (los arcos, el pretil y el tajamar) y mampostería granítica (el resto). En el caso de los sillares de los arcos, las dovelas tienen forma de cuña y se insertan siguiendo la estructura radial (como veíamos cuando analizábamos la fuente del Ronco); mientras que los superiores de ambos pretiles son más o menos rectangulares, limados o lijados en su extremo superior (para evitar cortes o daños a personas, caballerías y carruajes).

Compuesto por dos arcos de distinto tamaño: el mayor, recorrido por el cauce principal de la corriente, es de medio punto, con una bóveda interior bóveda de medio cañón; mientras que el menor, próximo al lagar, es rebajado (por imposiciones de la altura y del menor caudal de agua en ese sector). Y, entre ambos y en la parte de arriba, un tajamar triangular (muy típico en los puentes romanos) servía para dividir en dos la corriente del agua cuando se recrecía el arroyo por las cuantiosas precipitaciones. Pero ¡ojo!, que en el medievo también se utilizaba este elemento tan práctico.

En su cara norte se aprecia una disimetría o desalineación, fruto de la adaptación al terreno o de la reparación que sufrió en los inicios del siglo XVIII.

Si observamos el interior del arco mayor, junto al nivel del agua, son visibles las muescas que servían para sujetar el armazón: para levantar un arco era necesario crear una armadura de madera que sujetaba provisionalmente la estructura, hasta que se colocaban todas las dovelas del arco; entonces se desarmaba y el arco reposaba sobre sus contrafuertes.

No tiene inscripciones romana; pero sí son visibles la marca del cantero y la fecha de 1702 ya señalada en los fundamentos históricos, posiblemente cuando fue restaurado –o construido por vez primera, pues todo pudo suceder–. El que hayan elegido una dovela basal para realizar esos grabados puede indicar dos cosas: o que la reparación fue muy grande, afectando a la propia base del puente; o que se aprovechó una roca original para rotular la marca y fechas señaladas.

También hemos señalado la cantidad de puentes que el vulgo suele denominar como romanos, por los motivos ya indicados igualmente. Pero que en muchos casos no lo son (como el de Moraleja), o lo fueron en un inicio pero fueron reconstruidos en el medievo reutilizando materiales o estructuras latinas (como el puente Parral en Jarandilla y el de Cuartos en Losar de la Vera, por poner dos claros ejemplos, ambos del siglo XV).

Acerca de la importancia que esta vía y puente pudieron tener en aquella época, es lógico que podría servir para facilitar el transporte de personas y mercancías de las villas de la margen derecha del Alagón (Montehermoso, Aceituna, Santibáñez…), con destino hacia – o desde – Coria y Cáparra, de acuerdo con las consideraciones que dábamos en los fundamentos históricos.

Por cierto, en la orilla izquierda (u oriental, según se ascendía a la Piedra del Burro), antes era visible una porción de la calzada pétrea, similar a las romanas).

Hay algo que me llama la atención: en ningún Catastro, Interrogatorio, Diccionario, Relación de Caminos, etc. de los siglos XVIII y XIX consta este puente… Lo que tampoco nos debe extrañar, al tratarse de una vía secundaria (o terciaria).

7.- La Puente, vista desde el lagar, con sus dos arcos (D. Quijada)

8.- El arco central (D. Quijada)

9.- Muescas para sujetar el armazón (D. Quijada)

10.- Interior del arco mayor (D. Quijada)

11.- Año de la posible reparación (D. Quijada)

12.- Marca del cantero en 1702 (D. Quijada)
Y, reiterando los cotejos que hacíamos en el apartado de la fuente del Ronco, también mostramos o aclaramos algunos otros que se pueden contemplar con facilidad. En todos ellos se aprecian las reconstrucciones con claridad.

13.- Puente romano de Cáparra. Muy restaurado y ampliado cuando las obras del Gabriel y Galán

14.- Puente Parral, de Jarandilla de la Vera. Reconstruido en el siglo XV a partir de uno romano

15.- Puente de Cuartos, Losar de la Vera (D. Quijada). Caso similar al anterior

Concretando: al igual que la fuente del Ronco, cabe la posibilidad de que su origen se remonte a la civilización romana; y que, tras haber sufrido las inclemencias del tiempo y de las riadas del arroyo, fuera reconstruido en la Edad Media, cuando la Repoblación del Valle del Alagón. O que, en última instancia, haya sido levantado o restaurado en 1702. Con algunos retoques posteriores, claro está.

Aunque habría que analizar también sus elementos en profundidad, según señalábamos al analizar la fuente descrita, para obtener la confirmación definitiva. Ya que, reiteramos de nuevo, hay puentes similares a éste que son medievales o incluso posteriores, que nos confunden al haber utilizado las técnicas constructivas de los latinos o los elementos precedentes.

Pero en el fondo, fueran cuales fuesen los orígenes de ambos, son las obras de nuestros antepasados, La Puente y la Fuente del Ronco, parte de nuestro espléndido patrimonio cultural que debemos conocer, amar y proteger. Me resulta secundario conocer cuándo nacieron mis abuelos (ya, ni me acuerdo…), pero sí valoro su existencia, el recuerdo y lo que me proporcionaron.

Domingo Quijada González
Licenciado en Geografía e Historia
Junio de 2010

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